Asesinato de Joaquín Dongo

Asesinato de Joaquín Dongo

Descripción

La mañana del 24 de octubre de 1789, antes de las ocho de la mañana, el horror ya corría por las calles de la capital mexicana: un cochero acababa de descubrir, en el número 13 de la calle de Cordobanes (hoy Donceles), 11 cadáveres, entre ellos, el del rico comerciante Joaquín Dongo, propietario de la casa.

Relato

Muchos sabrán de mí el día de mañana. En la portada de los periódicos amarillistas verán mi cuerpo destrozado junto con el de toda mi familia. Los titulares apuntarán a diversas teorías: un acto relacionado con el crimen organizado, una brutal venganza amorosa o un asesino serial. Todos estarán equivocados. La razón por la que hoy no puedo dormir y por la que mañana no despertaré es la misma: El Diablo.

Durante mucho tiempo busqué la forma de tener una vida llena de lujos y comodidades, pero por más que trabajé para obtenerla nunca se dieron las oportunidades. Una noche escuché a un conocido hablar de una Antigua leyenda de la Ciudad de México: la historia de Don Joaquín Dongo, un hombre muy rico que forjó su fortuna ayudado por el Diablo.

Desde que escuché el relato, mi obsesión por el dinero creció y comencé una exhaustiva búsqueda de formas de pactar con el Diablo. Pasé mucho tiempo practicando diversos rituales clamando el favor del Señor de la Oscuridad sin ningún resultado.  Una noche, cuando me encontraba revisando mis cuentas y noticias de embargo, cuando había perdido toda esperanza: Él se apareció.

La voz del Príncipe de las Tinieblas era macabra y profunda, pero lo verdaderamente aterrador era su propuesta: a cambio de sus favores de dinero y fortuna incalculables,  debía entregarle la vida de un infante inocente cada año. Mi ambición sobrepasó mi cordura y terminé accediendo.

Los primeros cuatro años cumplí mi palabra, pero con el paso del tiempo me perdí en las banalidades del dinero y falté a mi compromiso. El primer año en que incumplí el trato no hubo represalias y creí que todo se debía a que el Diablo ya estaba satisfecho con las almas que le había entregado.

Antier me encontré a aquel amigo que me contó la historia que cambiaría mi vida. Se sorprendió al ver la clase de hombre acaudalado en la que me había convertido, después de algunas bromas y lleno de curiosidad le pregunté si sabía algo más sobre Don Joaquín Dongo.

Mi amigo se rascó la cabeza,  y después de algunos minutos, dijo algo que me dejó helado. “¡Ah pues si nunca te conté el final!… a ese pobre hombre lo encontraron muerto junto a su esposa e hijas, algunos aseguran que todos fueron torturados y mutilados.”

Durante todo el día, aquellas palabras recorrieron mi mente sin parar, lleno de miedo le supliqué a Dios que se apiadara de mí, pero fue entrada la madrugada que la voz con la que hice el trato se escuchó murmurando en mi habitación: “Duerme, será mañana que saldaremos cuentas”.

Hoy, a caído la noche y desearía nunca haber escuchado aquella historia. Sé con seguridad que el mismo Diablo vendrá por mí y toda mi familia y que mi ambición selló el destino de los que amo, justo como le sucedió a Don Joaquín Dongo.

 

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