Callejón del Aguacate

Descripción

Callejón del aguacate: es uno de los lugares de la ciudad donde se pueden ver diversas apariciones, eso es debido a que muchos afirman ver diferentes fantasmas que recorren el callejón.

Algunos cuentan que se aparece un niño colgado de la época de la revolución,  otros han visto el alma de un hombre que aun busca a su amada, pero la más escalofriante de las historias es la de la virgen que se encuentra en el lugar. Se menciona que si uno ve llorar a la virgen cuando pasa es que el diablo viene a buscarte.

callejon-aguacateRelato

Fue la curiosidad la que me llevó a este predicamento: pero es que durante mucho tiempo, yo creía que sólo se trataba de supersticiones.

Durante una cena cualquiera, como sucede siempre, la conversación giraba alrededor de distintos temas: la familia, el trabajo, deportes, cine etc. Ya muy entrada la noche, los temas se fueron agotando. De pronto, para reavivar la plática alguien preguntó: ¿Quién de ustedes cree en los fantasmas?

Mis amigos empezaron a contar experiencias de sucesos sobrenaturales que habían leído o escuchado en alguna ocasión. Durante el intercambio de relatos, surgieron distintas versiones de fantasmas que habitan en un conocido lugar llamado El Callejón del Aguacate.

El anfitrión comentó con mucha seguridad, la historia de un pequeño niño. Su padre le contó que en ese lugar, deambula el alma atormentada de un infante. Esta alma no encuentra la paz debido a que murió de una forma violenta. El pequeño, inocentemente le preguntó a un soldado si quería jugar con él, y este, en un arrebato de ira, lo estranguló.

Otro de mis amigos contradijo la historia del niño y comentó que quien ronda el Callejón, es el alma de un joven que regresa por las noches a buscar a la mujer que ama. El padre de la hermosa mujer, desaprobaba al enamorado, por lo que decidió terminar con la relación mandándolo matar.

A estas versiones se agregaron otras más. Una, decía que en el Callejón rondaban las almas de los miembros de una familia quienes empezaron jugando a la Ouija y terminaron matándose entre ellos. Otra hablaba de que ahí habita el fantasma de un hombre decapitado, del cual nunca se encontró la cabeza. Conforme avanzaba la noche, los relatos se iban tornando más inverosímiles.

Mi interés por el tema era nulo. Para mí, se trataba de relatos fantasiosos y carentes de credibilidad. Ya harto de tantas historias y para acabar de una vez por todas con el tema, me atreví a proponer que si querían saber cuál de ellas era la verdadera, lo mejor sería ir al Callejón y constatarlo en persona.

Como me imaginé, el temor de mis compañeros era mayor que su curiosidad, así que la plática se tornó más convencional.

La paz se destruyó cuando uno de ellos, reacio a soltar el tema, decidió organizar un juego para ver quién de los presentes se atrevería a recorrer en la noche el Callejón.

Motivado por el orgullo y la curiosidad, decidí ofrecerme como voluntario. De esa forma podría, no sólo demostrar que se trataba de patrañas, sino también poner en evidencia la inmadurez de mis amigos.

Llegamos al Callejón del Aguacate y yo fui el único en adentrarme. El lugar era solitario y lúgubre; dominado por la oscuridad.  Por algunos momentos, el nerviosismo me invadió, pero seguí adelante. Mis pasos fueron interrumpidos al escuchar detrás de mí, la voz de un niño. Al voltear, no encontré nada, pero al regresar al frente pude ver a un pequeño de forma casi trasparente, que me decía: “regresa”. Fue tal mi asombro y desconcierto que instintivamente, cerré los ojos. Cuando los abrí nuevamente ya no había nadie. “Seguramente fue un juego de mi mente que está sugestionada por la plática”, pensé y decidí seguir adelante.

Pero a la brevedad, mi camino fue de nuevo interrumpido, esta vez,  por la figura espectral de un joven, quien me dijo: “no sigas, aún puedes regresar” y desapareció. Estuve tentado a salir corriendo, pero no quería quedar como un cobarde ante mis amigos. Así que nuevamente, me convencí de que todo era producto de mi mente.

Seguí adelante, a pesar de que desde diferentes lados del Callejón podía ver a otros fantasmas, según yo, creados por mi mente. Así que decidí que lo mejor era bajar la vista y acelerar el paso.

A la mitad del camino, el sonido de un llanto atrajo mi atención. Para mi sorpresa, era la figura de una Virgen de cuyos ojos emanaban lágrimas. En mi mente se formuló la pregunta: ¿por qué llora? De inmediato, como si alguien hubiera leído mi mente, me contestó una voz indescriptible; tan escalofriante que por un momento, me paralizó el corazón: “lloro por los inocentes e incautos que pasan por mi Callejón”.

El miedo me invadió, pero también la curiosidad, así que lentamente giré para ver quién me hablaba.  Mientras mi mirada buscaba el origen del sonido, en mi interior surgió la certeza de lo que pasaría; de pronto, se me vino a la cabeza otra historia que nadie había mencionado. Aquella que dice que en este callejón, el Diablo se hace presente para estrechar la mano del condenado que se atreva a pasear por su Callejón favorito.