El vampiro

Descripción

Sin las limitantes del día, sin tener que dormir, se encuentra un vampiro recorriendo los oscuros túneles del metro donde el sol no puede alcanzarlo. Este personaje se alimenta de los usuarios solitarios de la estación del metro.

el-vampiroRelato

Durante uno de mis recorridos por una de las diversas ferias de libros usados, organizadas en la ciudad, me encontré con una curiosidad. Era un pequeño cuaderno escrito a mano y que iniciaba su relato en la época de La Colonia.  Al primer vistazo, todo parecía indicar que se trataba de un especie de diario. Al analizarlo con más atención, observé que había estado pasado de mano en mano. Su inicio databa del año 1623 y concluía con una anotación fechada en 1992.

Me picó fuertemente la curiosidad y me decidí a comprar tan curiosa pieza literaria. ¡Y por sólo treinta pesos! ¡Un precio tan pequeño, por un compendio de memorias que cubría más de 3 siglos!

Durante las semanas siguientes, me enfrasqué en la lectura de tan peculiar documento; estaba lleno de detalles y vivencias. Para mi sorpresa, se trataba de una serie de relatos y anécdotas contados por personas que durante mucho tiempo, se dedicaron a seguir y cazar a las criaturas de la noche que reptaban por la Ciudad de México. Se enfatizaba la atención en un ser maligno que para mí era un mito: El Vampiro.

Esta criatura de la noche, fue inicialmente observada por un predicador Jesuita quién se dedicó a seguirla desde el Viejo Mundo hasta las nuevas tierras de la Colonia. Este Jesuita, tenía el papel de observador y anotaba comentarios acerca de los hábitos nocturnos de la criatura, sus fortalezas y debilidades. Lo más destacado era su aversión por la luz del sol.

Todo el  relato parecía ser un conjunto de anotaciones que servirían para escribir una novela acerca de vampiros. Sin embargo, llamaba la atención el nivel de detalle con que estaba escrito. Su lectura en algunos momentos resultaba difícil, pues varias de las páginas se encontraban en Latín.

Conforme la cronología del diario avanzaba, se podría ver que se iba convirtiendo en un manual para combatir a las criaturas de la noche, especialmente a aquellas que se alimentaban con sangre.

Cada nuevo escritor incluía comentarios acerca de las diferentes formas en las que se podría dar caza a estos seres malignos. Constantemente se reafirmaban los comentarios hechos por los primeros escritores, destacando las oraciones en Latín, las cuales ni siquiera con mi educación en Lenguas Clásicas pude entender.

Al recorrer los años en el libro, conocí las historias de aquellos cazadores. Algunos relataban sus intentos por proteger a los inocentes de aquellas poderosas criaturas, teniendo como única arma los conocimientos adquiridos gracias al diario y la luz del Sol.

Sin embargo, conforme el tiempo avanzaba, varios sucesos cambiaron el comportamiento de la humanidad y por consecuencia, también los hábitos de los devoradores de sangre. La luz eléctrica determinó un incremento en la actividad nocturna de la gente y como ésta, a  ellos no les afecta, se convirtió en una ventaja.

La claridad de los consejos para enfrentar a estos seres de la noche, se fue perdiendo a medida que nos acercamos a este tiempo. Ya en los últimos relatos se menciona que la construcción de un sistema de transporte subterráneo llamado “Metro” ha permitido que estás criaturas del mal se muevan libremente a cualquier hora del día, pues la luz del sol no penetra en sus túneles. El último cazador, narra su fracaso al tratar de enfrentar al vampiro que ronda la estación Barranca del Muerto y  advierte al próximo poseedor del libro, que debe evitar repetir los errores que el cometió.

Este relato tan peculiar, despertó en mí la sensación de ser un elegido para continuar con la escritura del diario, y por eso, recorrí en diversas ocasiones esa estación sin encontrar nada extraño.

Mucho tiempo después, cuando ya me había olvidado del diario, una noche en la que viajaba en el  metro, me venció el cansancio y me quedé dormido. Al despertar, me percaté de que me encontraba sólo en vagón, o al menos eso creía inocentemente.

Cuando miré hacia el fondo observé que se estaba escenificando una de las narraciones del libro. Ahí estaba el vampiro inclinado sobre su víctima succionando su sangre. Su fría mirada se encontró con la mía  lo que me provocó un gran temor.

Poco a poco se acercaba a mí. A medida que avanzaba, yo me esforzaba por recordar alguna de las oraciones del diario; pero nada, mi mente estaba en blanco. Supe que el inevitable final había llegado. Sólo me dio tiempo de tomar el libro del fondo de mi morral y de garrapatear la advertencia de que tú, el nuevo lector, debes estudiar bien las oraciones en Latín pues nunca sabrás cuando las podrás necesitar.