La calle de los hermanos malditos

Descripción

En 1611 una casa fue habitada por Florián Rivadeneyra y Lucinda de Zavala, amantes que atentaron contra las buenas costumbres de la época por no estar casados, quienes después de un tiempo desaparecieron de la casa donde solo se vieron sombras deambulando por las noches.

Tiempo después la casa fue adquirida por Don Cosme, su hijo y su hija, estos últimos fueron poseídos por el alma de los amantes para poder satisfacer sus paciones carnales atreves de los hermanos. La situación llevo a la intervención de la iglesia concluyendo en la muerte de la hija de Don Cosme.

hermanos-malditosRelato

Se menciona que en algunas ocasiones, el espíritu de los muertos ronda nuestro mundo  para buscar los placeres de la carne. Esto es lo que se dice que sucedió en el año de 1611 en la casa de Floríán Rivadeneyra y Lucinda de Zavala.

 

Se trataba de una pareja que vivía en amasiato, sin contar con la gracia del Sacramento del Matrimonio.

 

Hasta la calle, se escuchaban los gritos y jadeos de los apasionados amantes; los vecinos, escandalizados, comentaban que la pareja un día sería castigada por vivir en pecado, gozando de los placeres de la carne.

 

Después de algún tiempo, en una gélida noche otoñal, los vecinos se percataron de  que los usuales sonidos se habían dejado de escuchar y en su lugar había un silencio sepulcral.

 

Al observar esa calma inusual, fueron llamadas las autoridades; sin embargo no encontraron nada extraño dentro de la casa. La pareja simplemente había desaparecido.

 

Después de un tiempo, la casa fue adquirida por Don Cosme Jiménez y sus dos hijos Cosme y Cecilia. En un principio todo parecía normal, pero con el paso del tiempo empezaron a suceder cosas inexplicables.

 

Todo inició con el sonido de muebles moviéndose y voces sin cuerpo que se escuchaban dentro de la casona. Era evidente que espíritus inquietos habitaban en la propiedad. Esto se hizo más evidente cuando los hermanos fueron poseídos por ellos.

 

Los espíritus, eran los de la pareja que había desaparecido tiempo atrás y que buscaban, nuevamente, disfrutar de  los placeres de la carne. Para ello, se apoderaron de los cuerpos de los hermanos. El padre, desesperado decidió seguir los consejos de un sacerdote; tendría que matar a uno de sus hijos para poder salvar su alma.

 

Fue en una noche en la que los jóvenes eran víctimas de la pasión, cuando  el padre decidió dar muerte a su hija. Después de este terrible acto, Don Cosme y su hijo abandonaron la casa y no regresaron nunca más.

 

Se cuenta que algunos años después del incidente, en un lugar recóndito de la casa fueron encontrados los cuerpos de sus dueños anteriores.