Los santos arrodillados

Los santos arrodillados

Descripcion

A medianoche, la hora en que los muertos abandonan sus tumbas, una silueta se dirige al templo de Santa Catarina. Era el padre Denia, quien entró al templo a rezar.

Don Fernando de Rojas, alcalde de la cárcel, fue informado de la fuga de un criminal y del cura que había ido a Santa Catarina a esa hora. El alcalde ordenó vigilar a Denia. Las visitas nocturnas del padre fueron cada vez más frecuentes. Algunos decían que el buen hombre practicaba ritos espantosos y otros que se flagelaba ante el altar mayor.

Relato

Miguel, un joven adolescente, un día escapó de su casa. Sin tener a dónde ir, decidió que esa noche la pasaría dentro de una Iglesia, un lugar lúgubre pero seguramente tranquilo. Vaya, si la casa del Señor es para todas las almas perdidas, ¿ Él por qué no habría de refugiarse ahí?… Miguel asistió a la última misa, se ocultó y espero a que se cerrara el templo para después salir de su escondite y descansar en los mullidos asientos.

Todo parecía un plan perfecto, pero aproximadamente a las 12 de la noche empezó a escuchar diferentes murmullos que invadían el lugar. Del altar, parecía salir el sonido de una misa, pero él no podía ver nada.

Poco a poco, los sonidos tomaron más claridad y conforme el ritual de la misa avanzó, el joven pudo percatarse de que a su alrededor diversas personas se materializaban. Miguel siguió el ritual religioso, ya que no quería levantar sospechas o llamar la atención.

Fue de esa forma que pudo ver cuerpos casi en huesos, algunos tenían la imagen de carne colgándoles, pero su temor a ser descubierto fue mayor a su sorpresa y a pesar de todo permaneció tranquilo y siguió la misa. Al término de la ceremonia los espectros desaparecieron y Miguel se quedó inmóvil hasta ser encontrado por el sacerdote de la iglesia.

El sacerdote le preguntó cómo se encontraba y el joven relató su experiencia. El padre le comentó que desde la época de la colonia, un cura llamado Don Gabriel Denia, oficiaba misas para las almas en pena del purgatorio, y que seguramente, lo que había visto era una de esas ceremonias, que dicho sacerdote, aún después de su muerte, seguía presidiendo para que aquellos que no pueden descansar, finalmente encuentren la paz.

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